Por Eva Fernández Arturo – que se había pasado más de media vida en tierra- siempre había soñado con el mar. Así que cuando se jubiló hace cinco años decidió aprender a navegar. Primero se sacó el título de patrón de yate, y luego el de capitán. No le resultó fácil. Tuvo que echarle muchas horas, la trigonometría se le atragantó y el inglés le quitó el sueño más de una noche, pero consiguió el título a la primera. El año pasado se compró un velero con casi todos sus ahorros, y como dice la canción “ cogió sus cosas y se puso a navegar ”. El barco y el están en pleno idilio, acostumbrándose cada uno a las manías del otro. Es un viejo velero, de la clase Neptune, de 8 metros de eslora, vendido por sus antiguos propietarios a precio de saldo, porque se han hecho mayores y ya no pueden navegar como antes. Al cerrar la compraventa, con los ojos vidriosos,el antiguo propietario le dijo, estrechándole la mano...
Relatos de los cursos de Escritura Creativa del C.C. Teodoro Sanchez Punter y de la Sala 2 del C.C. Salvador Allende