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La voz del invasor

 


Ya sé que te saco de quicio.  Pero no puedo evitarlo.  Es mi única manera de sobrevivir, una planta trepadora, una hiedra, una enredadera, se alimenta del árbol que le sirve de soporte y al que embellece y ahoga al mismo tiempo.

Solo que mi especie es distinta.  No sólo tiene unas raíces distintas, sino que son móviles; aunque lo normal es que cada vez que hago acto de aparición, y cada vez es más frecuente, es enraizada en tus inserciones cerebrales o en tu nervio ciático.

Es entonces cuando me convierto en un verdadero ser vivo.  Cada vez que Mariuca o Miguel te tocan, intentando descubrir por dónde me muevo, donde habito, vas dibujando un mapa de mí, que abarca tu zona lumbar, tus glúteos, tus caderas, músculos de nombres preciosos cuya existencia desconocías; los piramidales, los serratos, los estabilizadores de las caderas… Y sensaciones distintas… Puedo ser más agudo, más difuso, más intenso, a veces más localizado, y otras, me extiendo como una hemorragia…

Cada vez que intentan despegar la piel pegada al hueso y te dejan dolorida pero aliviada me retraigo, lo sabes, los dedos de estos chicos son como un plaguicida que arranca malas hierbas, pero nunca la planta entera, porque no haces los ejercicios, te pasas el día sentada en una postura incorrecta, deberías contraer el abdomen, para proteger tus vértebras, … ¡Sientate derecha! ¿No resuenan esas palabras en tu cabeza? jajaja. 

Y luego están tus otros antídotos contra mi, contra el dolor… ¡Cuando haces cosas que te gustan,... se te olvida que existo! La escritura, el teatro, …

¡Y Marcos!  Si pudieras hacerle entender que hay momentos en que me hace desaparecer… ¡Tendrá que competir conmigo, porque ahora mismo soy tu amante más fiel ¿Eh? ... Esta semana has pensado casi todo el tiempo en mí, no has podido evitarlo, no lo niegues.

Así que hoy te voy a dar un respiro, solo te voy a acariciar levemente, la zona lumbar y las caderas, y cuando te incorpores, cuando te levantes de la silla, tendrás que hacerlo despacio, no podrás enderezarte inmediatamente…

¿Querías dejar de usar el andador?¡Qué ilusa! Jamás lo permitiré. 

No te quejes, que ayer te dejé bailar un poco en la clase de teatro… Vas a hacer el ridículo más espantoso, Asun, la profesora es muy benevolente contigo, … pero ….siéntate derecha, mujer, no llores, contrae el abdomen, baja los hombros hasta las escápulas… y hazme el favor de no levantar pesos este fin de semana, y de descansar… O te garantizo que volveré … Si ya tengo hasta voz propia, si te hablo… No es que vaya a volver, es que aún no me he ido, ¿verdad?   


Eva Fernández

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