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Operación Abeja Maya


Por Eva Fernández

-Habitación 205- Nos informó Julia, la enfermera de Urgencias.- Positivo en alcohol y cannabis. Sin identificar. Llegó vestida de Abeja Maya, con su peluca rubia, sus medias de rayas…  Nada que no hayamos visto antes, ya sabe. - Suspiró. -Le estamos administrando suero para rehidratarla.  Cuando se despierte la dejaremos en observación y, si todo va bien, le daremos el alta en unas horas.   
-Vaya amigas tienes, Paula Cajal –murmuró Julia, mientras aporreaba el teclado para completar los datos del expediente- que te han metido en un Ave con un coma etílico sin dinero ni documentación y con esas pintas.  Si fueras mi hija, esas a la boda no iban.  
 Mientras nos acompañaba al agente Valenzuela y a mi a la habitación explicó:
-  La han traído los del SAMUR después de hacerle un lavado de estómago en la ambulancia. Después se despidió, ofreciéndose para lo que hiciera falta.  No era la primera vez que nos ayudaba.  Anoté los datos y repasé con mi compañero:
-El novio, Aitor Esteban, denuncia la desaparición a las 9:15.  Estaba previsto que la despedida de soltera durara todo el fin de semana, en un balneario cerca de Calatayud, pero la desaparecida no había llamado desde el viernes; el teléfono no da señal, nadie ha colgado fotos de ella ni de sus amigas en las redes… Ninguna le cogía el teléfono al chaval.  Al final interpuesto la denuncia porque Paula, profesora, no ido a  trabajar al colegio a pesar de sus clases empezaban a las nueve.  Y es una chica muy cumplidora.  Ahí Aitor se ha empezado a preocupar.  Ya le parecía raro que su novia no diera señales de vida, pero que acudiera al colegio  no le cabía en la cabeza.  El rastro se perdía en la estación de Calatayud.  Posiblemente inconsciente, ni siquiera se movió del asiento del tren.  El revisor dio el aviso en Atocha.
-          También habría que investigar el fallo de seguridad de Adif y de Renfe… Apuntó Valenzuela.
Su foto ya estaría en Facebook, pero nadie había movido un dedo para ayudarla, pensé.  -El juez ha autorizado el acceso a los móviles del grupo.  Localizada la señal de todos menos uno en la estación y luego en el balneario de Alhama de Aragón.- Seguí repasando.
-          Encima ellas siguieron la fiesta, mi cabo- Observó el agente.
-          Sí, pero todas han sido llamadas a declarar ya en Zaragoza. El juez de instrucción va a abrir diligencias por omisión del deber de socorro  y delito contra la salud pública.
-          Pues a ver si las podemos trincar. – Concluyó mi compañero.
-          La chica que no fue a la estación ha declarado que cuando se enteró de la movida se dio media vuelta y se fue a casa. Es otra profesora del colegio, no del grupo de amigas de Paula de siempre y no sabía nada hasta que se ha enterado de que no ha ido a trabajar hoy.  Tampoco tenía el número del novio.  No pensaba que la broma iba a ser tan pesada, así que no quiso meterse.  La citarán como testigo. - Instruí a Valenzuela, que aún estaba un poco verde en el procedimiento. 
Levanté la vista.  Paula seguía inconsciente, pero estaba monitorizada y estable, así que lo que tocaba era llamar a la familia.
-          ¿Aitor Esteban? Hola, buenos días, soy la cabo López, hemos encontrado a su novia.  Si, está bien, en el hospital 12 de octubre, en Madrid.  Ellos le darán más información. Habitación 205.  Ah! Otra cosa, traigan algo de ropa. Eh… De todo, ropa interior, unos vaqueros, y un jersey, por ejemplo.  ¿Vale? De nada, hombre.  Es mi trabajo.  Un saludo.
Escuché un sollozo de alivio y colgué.  15.45. Solo quedaba redactar el informe. Caso cerrado.


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