Ir al contenido principal

POCO HECHO, POR FAVOR

Por Eva Fernández

-          De segundo pediré chuletón de buey con guarnición de patatas nuevas.
-          ¿Cómo le gusta?
-          Poco hecho, por favor.
-          Perfecto, señor.
En realidad, podría comérmelo crudo, pero no debo llamar la atención en exceso.  Me encanta el sabor metálico de la sangre, cómo se esparce el líquido rosáceo por el plato mientras corto la carne  con el cuchillo e introduzco el tenedor en mi boca. 
Cierro los ojos y la saliva invade mi paladar mientras se mezcla con el primer bocado y una punzada de placer atraviesa mi cerebro, dilatando mis pupilas al mismo tiempo.
                Durante un segundo, me transporta  a aquel momento  en que me abalancé sobre ti, sin poder evitar morder tu cuello, y clavar mis colmillos en tu piel.  Juro que sólo quería sentirte,  empaparme de tu esencia, pero no me pude contener.  Caíste exánime entre mis brazos y tuve que salir huyendo, de tu casa, de la ciudad, de todo.
                Permanezco escondido la mayor parte del tiempo, en busca y captura, durmiendo de día, malviviendo de noche, y solo me permito, alguna vez, un buen filete, que siempre me conduce a nuestra primera vez, porque después ha habido muchas otras, pero tú fuiste mi bautismo de sangre, tu sabor permanece indeleble en mi memoria y la sorpresa reflejada en tus ojos, de ese instante, es lo primero que recuerdo, cada noche al abrir la tapa de mi ataúd cuando me levanto.  


Comentarios

Entradas populares de este blog

Dicen los viejos

por Miguel Angel Marín Dicen los viejos que el hombre se creyó Dios y que Dios lo castigó. Que unos sabios inventaron artilugios que nos permitían volar –puro cuento-, que fabricaron seres mecánicos y que intentaron incluso crear hombres nuevos, perfectos y que no enfermasen.  Todo esto me parecen invenciones, leyendas sin fundamento.  Ni yo, ni mi padre, ni el padre de mi padre hemos conocido otra cosa que una vida de trabajo duro, de privaciones y hambre, de frío en invierno y calor en el verano, cuidando de las cuatro cabras entre riscos pedregosos, en esta tierra yerma, seca y solitaria, durmiendo en cabañas cochambrosas y teniendo como única posesión unos harapos con que vestir, una honda con que defendernos del lobo y un zurrón en que guardar algo de comida.  Y siguen diciendo que en los buenos tiempos la vida era regalada, que la gente apenas tenía que trabajar, que vestían ropajes finos, que habitaban casas de piedra tan altas como montañas...

ÁGUEDA

por CLF Águeda intentó disimular su decepción, se armó de valor, le dedicó su mejor sonrisa y le dijo mientras lo abrazaba: - Mis mejores deseos para los dos. Me gustaría ser la madrina de vuestra boda. Hablaré con Luisa. Aquella noche no paró de llorar hasta que se durmió. Por la mañana, con el nuevo día, sentada junto al balcón, los pensamientos fluían en su cabeza a la misma velocidad que los bolillos entre sus dedos. Seguía teniendo ganas de llorar pero no podía permitírselo. Para evitarlo, apretaba los dientes y los labios y respiraba profundamente. Empezó a pensar en todos los defectos del abogado. Era pretencioso, no tan inteligente como parecía y lo mas importante no sabía ver mas allá de su ambición. Definitivamente, no era merecedor de su amor. Un ser repugnante. Ni siquiera era digno de su hermana Luisa. Águeda se dio cuenta de que podía renunciar fácilmente a él. No solo eso, estaba empezando a odiarlo. En pocos minutos, había pasado de experimentar una profunda t...

Proyecto Ambrosía II

 Por Miguel Angel Marín Adelaida Marco estaba entusiasmado con su nueva bicicleta. Se trataba de una Taurus CF-7000 Trial, de color rojo brillante y blanco, preciosa, que le habían regalado sus padres por su cumpleaños. Por fin podría competir en igualdad de condiciones con los chicos de su pandilla. Estaba ansioso por estrenarla. En cuanto pudo desembarazarse de la comida familiar preparada en su honor se subió a su nueva montura y fue a buscar a sus amigos. Primero fue a buscar a Luca “el bola”, que era el que vivía más cerca. Era un chaval mofletudo y sonrosado con algunos kilos de más, risueño y bromista. Juntos partieron en busca de Jack “Flemus”, un muchacho alto y pelirrojo de cara inexpresiva y ademanes contenidos. Luego recogieron a Perry “Kunta”, un muchacho negro, nervudo y fibroso que siempre sonreía con grandes dientes blancos. Reunida la cuadrilla bajaron hasta las afueras de la ciudad a un solar plagado de montículos de tierra, rampas, socavones y gravilla donde ...