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Adaptación teatral : El collar de perlas

   El collar de perlas

Escena primera

Al subir el telón, se puede ver el salón-comedor de una casa acomodada, quizá noble. Postrimerías del siglo XIX o comienzos del XX. El mobiliario es sólido, vetusto, pero austero. En las paredes algunas cornucopias y grandes cuadros con retratos de adustos varones, seguramente antepasados de la familia. Hay varias puertas y dos ventanas, cubiertas por pesados cortinajes que apenas dejan pasar la mortecina luz de las primeras horas de una tarde de invierno. Por una de las puertas laterales entrarán en escena los tres personajes ( padre, madre e hija). Su vestimenta debe estar acorde con la de una familia noble de la época, sobria y oscura la de los padres, algo más vistosa la de la hija.

El padre acaba de enterarse de que su única hija está encinta y, por si eso no era motivo suficiente para desatar su cólera, su hija, a fuerza de gritos y amenazas, le ha tenido que confesar quién era el padre de la criatura, el primogénito de su peor enemigo.

Entra primero en escena el padre, iracundo y enajenado, arrastrando y zarandeando a la hija, seguidos por la madre llorosa y compungida.  

-Padre (con voz tonante y enfurecida): ¡ Hija descastada! ¿Cómo has podido deshonrarnos de esta forma tan ignominiosa?

-Hija ( con voz suplicante y temblorosa): ¡Padre! Nunca pretendí ofenderlos. ¡Imploro su perdón!

-Padre: ¡No! Ya no te reconozco como hija. Vete, ya no perteneces a nuestra familia ni nada nuestro te pertenece. No quiero volverte a ver ni saber nada de ti. Abandona esta casa para siempre.  

-Padre ( ahora, con mirada iracunda, se dirige a la madre que ha intentado acercarse para proteger y consolar a la hija):Y en cuanto a ti, que la has protegido y consentido y no has sabido educarla en el respeto y honorabilidad que nuestro buen nombre merecía, te prohíbo que hagas ningún intento de prestarle tu ayuda o mantener con ella la más mínima relación.

-Hija: ¡Padre! ¡Se lo suplico! No me aparte de su vida…

-Padre ( inconmovible y sin dirigirle la mirada): A la hora de la cena no quiero encontrar ningún rastro de ella en esta casa.

Abandona la escena a grandes zancadas y dando un portazo. Se apagan las luces.

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Escena segunda

El escenario aparecerá dividido en dos ambientes. A la izquierda se podrá ver un dormitorio en el que están la madre y la hija metiendo, entre sollozos, algo de ropa y comida en un hatillo. La hija ha cambiado su atuendo por una saya y una camisa oscura. La madre la cubre con una capa y la estrecha entre sus brazos.Coge un pañuelo bordado con sus iniciales y envuelve en él un collar de perlas.

-Madre ( entregándole el pañuelo): Este collar ha pertenecido generación tras generación a las mujeres de mi familia. La madre de mi madre se lo entregó a ella y ahora yo te lo entrego a ti. Llévalo siempre contigo. Procura conservarlo para que puedas hacer tú lo mismo con tu hija, porque estoy segura de que la criatura que llevas en tu vientre será también una niña.

Esa  parte del escenario quedará en penumbra al tiempo que se ilumina tenuamente la parte derecha en la que aparece una especie de vestíbulo con una gran puerta entreabierta. Más allá de la puerta se percibe la oscuridad. La madre y la hija están en el umbral, abrazadas y envueltas en lágrimas.

-Madre: ¡Qué Dios te proteja! Y no olvides nunca que siempre estarás en mi corazón.

-Hija: ¡Y tú en el mío! Nunca te olvidaré….

La hija cruza el umbral y desaparece en la oscuridad. La madre permanece en la escena con la mirada perdida en las sombras. Se apagan las luces.

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           Escena tercera

La escena transcurre cincuenta o sesenta años más tarde y en ella aparece un dormitorio con el mobiliario y la decoración propia de la década 60-70. Colores claros, paredes empapeladas, algún espejo. Hay una cómoda o tocador con un cajón abierto. Sobre ella, varios portarretratos con fotos familiares. En una de ellas se puede ver a una mujer mayor, de rostro dulce aunque triste. Una mujer de mediana edad está sentada en el borde de la cama. Parece pensativa, con la mirada perdida. Una leve sonrisa se dibuja en su rostro al entrelazar entre  sus dedos las cuentas de un collar de perlas que ha sacado del joyero que reposa abierto sobre la colcha. La habitación está en penumbra, apenas iluminada por la claridad que entra por la ventana. Entra una chica joven, alegre y con voz cantarina.

 -Hija :  Mamá, ¿ qué haces aquí a oscuras? Te he buscado por toda la casa, quería pedirte consejo sobre qué me pongo para la fiesta. ¡Qué bonito es! ( dice la joven, al descubrir el collar en las manos de su madre) ¿ Por qué no te lo pones nunca?, ¿me lo dejarás alguna vez?

   -Mujer : Ay, hija, lo siento, estaba ensimismada en mis recuerdos.  Este collar tiene una larga historia. Algún día te pertenecerá y entonces podrás hacer con él lo que quieras. Hasta entonces prefiero conservarlo como simple depositaria del mejor legado que te puedo dejar.

(La mujer cambia su tono, antes melancólico por otro mucho más dicharachero).

¿ Qué me decías de lo que vas a llevar a la fiesta? Ponte el vestido rojo que te queda tan bien, aunque  tú estás guapa  con cualquier cosa. Y mira, podías llevar estos pendientes de azabache que te lucirán mucho con el rojo, ¿te gustan?

   -Hija: Claro que me gustan, mamá. Me encantan. Gracias por prestármelos. ( Se inclina para darle a su madre un beso en la mejilla). Voy a vestirme y cuando esté lista, vengo para que me des el visto bueno.

 

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