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Marco, el de los bolsillos grandes

 Por Miguel Ángel Marín



Marco era un niño-genio. Había inventado un sistema para reducir y aumentar los objetos con una especie de mando a distancia. Se entretuvo reduciendo un montón de cosas y luego las recogió muy ordenaditas por la letra inicial de su nombre. Para guardarlas, ideó una chaqueta con 28 bolsillos, uno por letra.

Pero Marco tenía también un hermano pequeño, Luca, que era un trasto y jugando, jugando, sin que Marco lo supiera, desordenó todas las cosas.

Marco, Luca y sus padres vivían muy apartados, en un pueblo italiano al pie de las montañas. Y no desayunaban con diamantes.

Sucedió una noche. De pronto apareció un monstruo mezcla de tigre y dragón, que dio cuatrocientos golpes. Y desató el pánico en la ciudad. Todos corrieron despavoridos. Se produjo la gran evasión.

Pero Marco no huyó. Se puso su chaqueta metálica y se enfrentó a la bestia. Se encontró solo ante el peligro. Tuvo vértigo, pero se sobrepuso. Busco en sus bolsillos, en la L un lanzallamas, en la E una escopeta y por si acaso, en la C un cartucho de dinamita. Y apuntó a las miniaturas con su mando a distancia.

Pero, ¡oh no! Lo que agrandó resultó ser una manguera, un queso y un radiocasete. ¡Qué desastre! ¿Qué podía hacer con eso? Pensó intensa y rápidamente con su mente maravillosa.

El bicho se acercaba amenazante…

Marco colocó el queso encima de una piedra grande. Cuando el monstruo lo olió, fue directo hacia él. Mientras lo devoraba con placer Marco conectó la manguera a un grifo y empezó a echarle agua. Cuando el demonio ya estaba bastante mojado, conectó el radiocasete al enchufe y se lo lanzó. La mezcla del agua y la electricidad produjo una garrampa enorme. Al bicho se le pusieron todos los pelos de punta y se volvió negro. Todavía pudo el dragón dar unos pasos hacia el jardín, pero allí se desplomó. Encontró la muerte entre las flores.

La gente del pueblo que habían visto lo sucedido gritaban:

- ¡Viva Marco! ¡Viva Marco, el de los bolsillos grandes!

Y también:

- ¡Qué bello es vivir!

Y al final todo el pueblo acabó cantando bajo la lluvia.

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